El twittero más ingenioso murió en 1944

Participar de la enorme conversación entre continentes generada en Twitter las veinticuatro horas del día tiene su miga. No es tan sencillo opinar o contar algo en ciento cuarenta caracteres con gracia, de forma completa, provocando el equivalente a una batazo en el intelecto. Sin embargo, precisamente esto era lo que, sin despeinarse, conseguía en 1907 Félix Fénéon (1861-1944).

Anarquista francés, amigo de Toulouse-Lautrec, Bonnard y Signac, descubridor de Seruat, crítico de arte, galerista y periodista, entre otras muchas cosas, durante siete meses escribió para el periódico parisino Le Matin 1220 nouvelle en trois lignes. Estas “noticias en tres líneas” narraban brevemente incidentes extraños y crueles ocurridos en Francia. Auque en ocasiones también reflexionaban sobre los avances de la ciencia, la industria o los cambios producidos en las ciudades con la llegada de la modernidad.

Al inglés las tradujo en 2007 Luc Sante y el New York Review of Books se encargó de publicarlas y popularizarlas. Vicente Molina Foix hizo lo propio con algunas al español para Letras Libres bajo el título ‘Novelas en tres líneas’ (en realidad estas noticias cortas revelan lo que podría narrarse en muchas páginas). Y la ilustradora Joanna Nebrosky acaba de terminar un libro con dibujos de lo que le sugerían determinadas nouvelle en trois lignes. Lo contaba hoy The Huffingston Post.

Pero lo más curioso de todo este asunto es que alguien, desde hace meses, las publica metódicamente en un falso perfil del intelectual francés en Twitter, donde encajan a la perfección. Y no deja de ser paradójico que el twittero más original y preciso le lleve un siglo de ventaja al microblog de la ballena (y sesenta y seis años muerto).

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Spam: De jamón enlatado a creación artística

La procedencia de la palabra spam es, sin duda, una de las más hilarantes de la historia posmoderna. En 1937 aparece en el mercado estadounidense una marca de jamón enlatado, barato, listo para el consumo inmediato. ¿El nombre? Spam (que viene de acortar el nombre original de la marca, Hormel’s Spiced Ham).  La popularización de este rico alimento, fast-food, tiene lugar entre 1941 y 1945, cuando alrededor de 100 millones de libras (unos 45 millones de kilogramos) de esta carne de cerdo son entregadas a las tropas de los Aliados durante la Segunda Guerra Mundial.

En la página web de la marca, actualmente en funcionamiento, se cuenta que en diciembre de 1942, con los soldados estadounidenses metidos hasta las cejas en las trincheras, el afamado reportero Edgard R. Murrow, en un sabio intento de alentar a la población americana, dijo: “Aunque estas navidades las mesas no sean grandiosas, siempre habrá Spam para todo el mundo”.

Sin embargo, son los cómicos de la Monty Python quienes le dan la vuelta de tuerca necesaria para la futura asunción del término por los informáticos. En un sketch de 1970, los británicos aparecen en un greasy soop café (bareto cutre sería la traducción más cercana a la cultura española), donde la camarera les indica que todos los platos de la carta incluyen, de manera insistente, Spam:

Y esta idea de algo desagradable, inoportuno, que aparece en demasía donde uno no lo quiere es la que recogen al aplicar el término a los mensajes de correo electrónico no deseados. Simpático, ¿verdad?

Aunque la historia no acaba aquí. Si la revista Time dedicaba en 2008 varias páginas a cómo utilizar la carne Spam en nuevas y deliciosas recetas, sugeridas por conocidos chefs, en 2010 un artista español ha inventado From Spam to Maps, una iniciativa para crear mapas a partir de mensajes spam aleatorios. Ambas recogen los desechos, el spam de la carne de cerdo y de los correos eletrónicos, para traducirlos, transformarlos, reciclarlos en un nuevo y mejorado producto.

Y recuerda: “A pesar de que estas navidades tu vida social no sea grandiosa, siempre tendrás montones de spam en tu bandeja”

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Entrevista a Carlos Labbé: “No existe una manera correcta de leer una hipernovela”

Esta entrevista se realizó por correo electrónico entre el 6 y el 23 de agosto de 2010. El emisor, Irene Serrano, envió desde su cuenta de Gmail las preguntas a Carlos Labbé, quien las recibió en su bandeja de entrada de su cuenta Yahoo.

El foco de interés del entrevistador: la narrativa hipertextual y, en concreto, Pentagonal: incluidos tú y yo, de la que se habló aquí.

¿Cómo es el proceso de creación de una narración hipertextual? ¿Cómo se conciben cada uno de los bloques textuales que conforman la obra total?

La narración hipertextual, en mi caso, tiene como punto de partida consciente para mí la imagen imposible de la multiplicidad, de la infinitud, de la eternidad, de la ubicuidad y de la simultaneidad. Como escritor decidí en algún momento que la narrativa tiene la capacidad de poner en un horizonte, en un contexto mayor, cierto número de figuras cargadas de sentido que me obsesionan. Aquellas experiencias que tienen una virtud poética o artística o musical o sinestésica o incluso coreográfica, en el sentido de que incluyen el cuerpo entero del lector y algo que lo excede que también pasa por sus sentidos. Y cada uno de los bloques textuales de una narración hipertextual es sinécdoque de un sentido inaprensible, acaso inefable, que sólo se puede experimentar con la idea electrónica de lectura y escritura múltiple y simultánea, idea tan antigua como el Talmud o Las mil y una noches o la posibilidad de quedarse en un terreno abierto de noche observando todas y cada una de las estrellas.

¿Conoce todos los caminos posibles para recorrer Pentagonal: incluidos tú y yo?

No. Me gusta perderme yo mismo en la potencialidad, que es otra manera de hablar de sentido literario. Desde un punto de vista numérico Pentagonal: incluidos tú y yo tiene exactamente 307.010.375 x 10234 posibles caminos de lectura, si consideramos que la sola relación entre dos bloques textuales ya es una lectura.

¿Hay diferentes niveles de profundización en la obra?

Sí. Las posibles relaciones entre los textos de esta hipernovela –registros discursivos de los medios electrónicos y de la historiografía chilena, de la astronomía, de los géneros epistolares tradicionales, de la autobiografía, del erotismo y el cuerpo, la corriente de la consciencia vanguardista de principios del siglo XX, el flush de Virginia Woolf, la escritura revelada de los Evangelios, las simetrías viscerales de Jeanette Winterson, la discontinuidad electrónica del narrador que remite a la reflexión literaria sobre la entidad también– y los textos que posee la conciencia activa del lector, se pueden establecer de maneras no convencionales por efecto de la lectura hipervinculada. En tal sentido, dada la heterogeneidad de la naturaleza de los cinco grupos de relatos (entre los cuales están el tuyo -la versión de la lectora- y el mío -la del autor-) es posible con la hipervinculación componer relatos de sentidos muy disímiles entre sí, improbables en el uso convencional, e incluso inimaginables para el lector. Y algunas versiones de esta hipernovela pueden resultar banales, periodísticas, anecdóticas o incomprensibles mientras otras pueden ser hiperformalistas, neobarrocas o bien inesperadamente interesantes desde un punto de vista de crítica cultural, análisis semiótico o expresividad literaria.

¿Existe algún final para la historia o puede dejarse en cualquier punto?

Cada una de las cinco líneas narrativas de Pentagonal tiene un momento de clímax, que es al mismo tiempo la anagnórisis, la revelación propia de cada relato, y dentro de cada relato el descubrimiento de que existen los otros relatos, incluidos tú y yo. Es el choque entre las cinco líneas esa revelación, que es final si se considera que cada línea en ese momento se extingue, pero es principio porque da lugar al encuentro con los otros, al paso a una perspectiva distinta, a la apertura.

El no recorrer la obra de la manera correcta –si la hay- ¿es un fracaso del emisor (autor) o del receptor (lector)?

No existe una manera correcta de leer una hipernovela; incluso si está planificada una estructura dramática de colisión de líneas narrativas como en esta. Si un lector logra eludir siquiera la sensación de un choque inminente con algo inesperado eso también cabe dentro de una de las líneas narrativas, la del portero del edificio que aunque todos los días ve pasar por enfrente decenas de historias distintas no se entera de nada.

¿Podría hacer una breve sinopsis de Pentagonal?

Pentagonal: incluidos tú y yo es la colisión entre un lector de diarios que reconstruye la posibilidad de que un accidente de tráfico reúna en la puerta de un añoso banco del centro de Santiago de Chile a una astrónoma involucrada sexualmente con uno de sus estudiantes, al portero de un edificio que teje banderas nacionales en sus horas de guardia, a un estudiante que envía obsesivamente correos electrónicos a su vecina, quien decide recoger a un perro vagabundo de la plaza de armas de esa ciudad.

¿Cuál es el papel del receptor de Pentagonal?

El lector de Pentagonal, como en otras hipernovelas, está muy cerca del autor en la incertidumbre del proceso creativo, en el sentido que como pocas veces en la experiencia literaria con él está a oscuras o expuesto a demasiada luz frente a una infinitud de experiencias, imágenes, sensaciones, historias, relaciones y posibilidades de sentido, y como él debe armarla según sus propias decisiones.

¿Y el del programador del hipertexto? ¿Podría hablarse de co-autoría?

No hay coautoría en este caso porque el programador sólo ejecutó la propuesta narrativa del autor. En otros casos de hipertexto el programador es autor que con el material de que dispone va improvisando las diversas posibilidades de sentido que se le ofrecerán a los lectores, de una manera análoga al intérprete de jazz que a partir de una canción o standard del repertorio popular ejecuta una nueva creación única, irrepetible y propia para cada oyente.

¿Qué es lo que lleva a un escritor a decantarse por la narrativa hipertextual/literatura electrónica?

La mayoría de los escritores occidentales alfabetizados (una excepción notable son los escritores orales y los compositores populares) utiliza el computador como herramienta cotidiana en su oficio. Así como hay escritores que ocupan su imaginación, su experiencia, su cuerpo, sus hábitos culturales o sus lecturas como materia narrativa, y como objeto de su reflexión, es natural y necesario que haya una reflexión sobre la creciente multiplicidad, fragmentación, cooperatividad y comunidad interpretativa que el hábito electrónico provoca en nuestras maneras de estar en el mundo. La puesta en práctica de esas reflexiones, el campo de pruebas de esta toma de conciencia de cómo la herramienta afecta a la mano y al proceso cognitivo es la hipertextualidad.

¿Qué caracteriza el lenguaje/estilo de los hipertextos?

La lectura hipertextual es alegoría y al mismo tiempo experiencia concreta, material, de que el mundo y lo que está fuera del mundo es una potencialidad infinita de sentidos que se desvanece con la experiencia, con la vida de uno. Por eso provoca terror, pasión y adicción, y agrego que es una de las formas narrativas más masivas de la actualidad, ya que es la base de los videojuegos de aventura.

¿Es la narrativa hipertextual tan sólo un experimental y vanguardista o más bien es la evolución lógica de un género literario estancado?

La narrativa hipertextual no es un género, sino un soporte de la narrativa. Así como la música es el formato real de los cantares de gesta o el transcurrir de la página de papel lo es para la novela moderna, la épica, la ficción o el hipertexto son formatos de la narrativa, y la narrativa una lógica de sentido distinta a la poesía, la parábola o el ensayo.

¿La narrativa hipertextual es para un público minoritario o cree que los lectores ya están preparados para la revolución electrónica?

No sé. Un millón de lectores son finalmente un solo consumidor que sigue la lectura del publicista que los convence. En cambio un lector es un intérprete que realiza algo nuevo -concreto o no, escrito o no- con un texto determinado. Con un solo lector un relato hipertextual es relevante, porque ese lector es activo y se atreve a internarse en la incertidumbre para crear un texto diferente, el suyo.

¿Qué ha cambiado desde que escribió Pentagonal en el público lector?

Quiero creer que con la entronización del Internet y los medios electrónicos como hábito en cierto sector adinerado de Occidente al que sin duda pertenecemos y que sigue siendo una minoría de la humanidad (aunque nos hagan pensar lo contrario), parte de Europa, parte de Asia, de Oceanía, de América y de África está ocupada leyendo, escribiendo, reflexionando finalmente un poco más que nuestros padres y abuelos sobre los signos que nos llevan a saber tanto los unos de los otros. Y esa reflexión permite que un lector de Pentagonal se enfrente con mayor confianza a la incertidumbre de sus hipervínculos.

¿Cree que en español se están haciendo avances o todavía nos queda mucho por recorrer para acercarnos a los países angloparlantes?

No creo que nadie avance ni retroceda. Todo es simultáneo, como Borges comprobó en su narrativa, y mientras algunos países angloparlantes hoy son también países africanos o latinoamericanos, en los campos de Cáceres o de Jakarta o de Chillán hay personas que se sientan frente al fuego a contarse historias enrevesadas y de tantos caminos que sólo se conectan en la escucha de los que tienen al frente.

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