Esto es lo que yo quiero

1.- Transparencia. Quiero saber exactamente qué se hace con mis impuestos. A qué contribuyen, en qué se invierte. Quiero que el banco me explique las transacciones que se hacen con mi dinero. Quiero saber cómo y por qué se especula con mis ingresos y de qué forma beneficia a la entidad financiara. Quiero comprender cada una de las decisiones que se toma en los órganos de Gobierno, que se me expliquen con un lenguaje no jurídico administrativo y sin trampas. Quiero tener acceso a la información de todas las convocatorias a las que acuden los políticos, de sus reuniones, de sus comidas con empresarios. Quiero que sean públicas las decisiones que se adoptan en dichas reuniones.

2. Protección. Quiero que el Ministerio de Trabajo inspeccione a las empresas que tienen a sus trabajadores en un estado irregular. Quiero que se siga de cerca cada uno de los casos y se cumplan los convenios colectivos por ley. Quiero que se explique a los trabajadores cuáles son sus derechos y que se establezcan mecanismos claros, rápidos y sencillos para castigar a los responsables directos del abuso de los trabajadores. Quiero que la contabilidad de las empresas que se acogen a un ERE sea pública. Quiero que se investigue a estas empresas y su relación con los trabajadores despedidos. Quiero que se acabe con los contratos basura. Quiero que la figura de ‘autónomo económicamente dependiente’ no sea legal. Quiero que la empresa que hace ‘económicamente dependiente’ al trabajador sea obligada a contratarlo.

3. Regulación. Quiero que se regule el precio de la vivienda. Quiero que los propietarios tengan obligaciones con sus inquilinos. Quiero que se pene duramente a los propietarios que se niegan a declarar que están alquilando su vivienda. Quiero que sea sencillo denunciar a los propietarios que estén cometiendo irregularidades, incumplimiento de contrato o fraude. Quiero que se inspeccionen las viviendas en alquiler y un organismo público decida si están en condiciones de ser habitadas. Quiero que se acabe con los zulos. Quiero más vivienda pública de alquiler. Quiero que la vivienda no sea un problema.

4. Participación. Quiero que mi participación no se limite a una papeleta con unas siglas cada cuatro años. Quiero que se me consulten las decisiones que me afecten y quiero que se haga por vías limpias y económicas como Internet. Quiero que la política de mi país no me sea ajena, no quiero que siga siendo un engranaje pesado, confuso y poco accesible. Quiero poder tomar parte en las reformas y posibles cambios que tengan lugar en mi barrio. Quiero que mis impuestos repercutan en la mejora de las condiciones de mi barrio. Quiero saber y decidir en qué se invierte parte de los beneficios que yo genero para el Estado.

¿Y tú qué quieres?

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Ética periodística

Una de las primeras lecciones de ética periodística que se estudian en la universidad da cuenta de cómo todo texto publicitario debe ir especificado como tal, con rótulos o imágenes que no hagan dudar al público sobre su intención y procedencia. Es decir, que a simple vista/oído el lector/espectador/audiencia sepa que se encuentra ante una campaña de publicidad.

Hoy, durante el ejercicio diario de mis hermosas tareas profesionales, una señorita empleada en un portal sobre información empresarial ha contactado conmigo para proponerme la publicación de un reportaje acerca de la compañía para la que trabajo. Yo, encantada, me he puesto a sus órdenes y le he preguntado qué material necesitaba, si quería que le concertase entrevistas and so on.

Gran sorpresa la mía cuando, tras un despliegue de palabras y reconocimientos hacia la empresa que me paga el alquiler, me ha explicado que el reportaje tenía un coste: 1850 euros la media página, 3190 la página entera. Ante esta suculenta y económica propuesta, le he contestado que, entonces, lo que nos estaba ofreciendo era un publirreportaje. Ella, ufana, me ha respondido que, claro, en la buena teoría sí, pero que en la práctica no nos preocupásemos que no iba a ir señalado como tal, que nadie se daría cuenta. El publirreportaje maquillado aparecería, en caso de aceptar los costes, en un encarte incluido en el diario La Razón.

Me imagino que, muerta la prensa escrita impresa, esta es la nueva e imaginativa forma de financiación de los periódicos. Mi duda ahora es si en Nacional, Internacional o Economía también habrá reportajes pagados en este u otros diarios. Y si seguirá en los programas del estrenado grado en Periodismo la asignatura de Ética periodística, tan en desuso…

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Otra generación perdida

Leo la tribuna de Carlos M. Duarte y se me ponen los pelos de punta. Toda una generación de jóvenes científicos emigrará o está en vías de.

Entre ellos, una amiga y mi pareja, doctora en Farmacología, una, y médico y doctorando, el otro. Un país que no cuida a sus fuentes para el desarrollo del conocimiento es un país estancado, sin duda. Hasta ahí de acuerdo. Sin embargo, siempre se habla de los recortes en Ciencias y se olvida otros, igualmente necesarios: el tijeretazo en Humanidades.

Todavía no he leído ningún artículo que critique o reivindique la situación de los investigadores de letras en España, porque ni siquiera los propios académicos le otorgan la importancia que se merece. Si la situación de los científicos a largo plazo es terrible, la de los humanistas lo es nada más licenciarse. Conseguir una beca para hacer un doctorado es prácticamente imposible. Y un país que no puede dedicar un mínimo a la reflexión, a la digestión, al pensamiento es un país adormecido, muerto ideológicamente, vendido al mejor postor.

¿Cuánto se invierte en las facultades de Filosofía y Letras? ¿Cuánto en las de Sociología y Políticas? Nuestros jóvenes pensadores quizá no estén emigrando, probablemente están detrás de la barra de un bar, en el INEM o vendiendo ropa. Desaprovechando su talento y haciéndose inservibles para un país que, ahora más que nunca, los necesita.

Cartas al director. El País. 18/09/2010. Puedes leerla también aquí.

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