‘Level 26′: el experimento transmedia de la CBS

A ‘Level 26′ no se le puede considerar una novela, por mucho que en España Planeta la haya editado en papel, con tapas gordas. Tampoco es literatura. Si decides comprar el libro y enfrentarte a él como lo harías con una de las obras de Proust, querrás que arda en la hoguera. Para comprender su valor, hay que entenderlo como un experimento narrativo que pretende abarcar varios medios para conseguir en el espectador una experiencia lo más intensa posible.

Cada 25 páginas, ‘Level 26′ te regala un código para que veas en su web un corto que complementa lo que acabas de leer. En Internet también puedes comentar con otros usuarios qué te parece e incluso proponer ideas para próximas entregas. ‘Level 26′ está concebido como una saga, como una serie de televisión, por temporadas. La segunda, ‘Dark Prophecy’, acaba de salir a la venta en EEUU (aquí todavía tardará en llegar). Aunque de momento, sólo se puede conseguir en cualquier parte del planeta la aplicación para iPod & Co de la primera. Y precisamente esto es lo interesante.

Mientras que tratar de leer a Proust en el móvil es una locura, una pérdida de tiempo, hacerlo con ‘Level 26′ es lo más apropiado. El lenguaje es muy básico, las descripciones sencillas y rápidas. En la aplicación las páginas se pasan como las de un libro y además incluyen un sonido que da bastante canguele. Cuando los personajes reciben un sms, te salta a ti en la pantalla. Y eso mola. Los vídeos están incrustados y aparecen en el momento oportuno. No tienes que recurrir a la web para verlos. Definitivamente, ‘Level 26′ solo tiene sentido si estás dispuesto a experimentarlo en uno de los juguetitos de Apple.

Detrás de este invento está el creador y productor ejecutivo de CSI, Anthony E. Zuiker. Hace unos días, durante una conversación telefónica que mantuvimos para este mini-repor, me contaba que para la segunda entrega han utilizado bastantes ideas de las que los lectores proponían en los foros de la web oficial. Esto me imagino que fomenta la participación y sirve de termómetro para evitar repetir errores.

Para darle más visibilidad, con motivo del lanzamiento de la segunda parte, el villano asesino que protagoniza la saga apareció en un capítulo de CSI Las Vegas. Visto el éxito, Zuiker me comentó que lo repetirían en algún otro momento de esta temporada. La semana pasada,  preguntó en Twitter cuántos de los fans de ‘Level 26′ querrían volver a ver a Sqweegel, el malo, en la teleserie de detectives. Supongo que para asegurarse de que va por el camino correcto; todavía están tanteando las posibilidades de cada plataforma.

Estamos en un momento de cambio en el que todo apunta que acabaremos accediendo a todos los medios desde un mismo dispositivo (sea un tablet o cualquier otro cacharrito que nos depare el futuro). Y está bien que algunas cabezas pensantes de la CBS prueben con nuevas formas de contar historias. ‘Level 26′ no es brillante pero desde luego está a años luz de la insistente reproducción del modelo de ‘Médico de familia’ o ‘Los Serrano’ que padecemos en España.

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Un stop motion sobre stop motions

La historia de los stop motions en un stop motion, por una tal Chloe Fleury.

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El Cosmonauta o cómo hacerle una pedorreta a González Sinde

Las últimas noticias sobre el oscuro negocio del cine español, las financiaciones públicas, González Sinde y las asignaciones a dedo, me han hecho recordar el proyecto de El Cosmonauta. Y no porque tenga alguna relación con los asquerosos tejemanejes del Ministerio de Cultura, sino más bien por lo contrario.

El colectivo Riot Cinema tuvo la idea, hace ya más de un año, de grabar un largometraje, El Cosmonauta, bajo tres premisas: crowdfunding, creative commons y distribución sin ventas de exhibición. Es decir, rodar una peli financiada por todo aquel que quiera contribuir a la causa (las aportaciones pueden ser desde dos euros a infinito); que se distribuya libremente y se copie, mezcle o modifique a gusto del consumidor; y cuyo estreno tenga lugar al mismo tiempo en salas de cine, dvd, televisión e internet (gratis y en alta resolución).

Desde el lanzamiento de esta iniciativa a modo de página web en mayo de 2009, se han adherido con su apoyo organizaciones obvias como Medialab-Prado o el IED, y otros colaboradores de orígenes tan dispares como la Campus Party, dos cosmonautas rusos (de los de verdad) o el fundador de la Free Software Foundation Richard Stallman. En un año habían conseguido ya 23 inversores (que aportaron entre 1.000 y 3.000 euros) y más de 200 productores, que a través del crowdfunding, contribuyeron con aportaciones de 12,5 euros de media.

Esta es la sinopsis de lo que será El Cosmonauta:

El Cosmonauta es una historia que habla del recuerdo y del deseo. Incluso de aquellos recuerdos que solamente fueron deseos.

Octubre de 1975. Stan se prepara para ser el primer cosmonauta ruso en la Luna. Andrei, su mejor amigo, dirige la misión. En los tensos días antes de la partida, Stan piensa en Yulia, la mujer de la que ambos llevan enamorados desde su llegada a la Ciudad de la Estrellas, más de diez años atrás. Ultiman los detalles de la misión pero apenas dos días después de despegar, la nave pierde toda comunicación con la Tierra. Durante siete meses, Andrei y Yulia lo buscan día y noche sin descanso. Un día, la nave vuelve a la Tierra. Cuando cae, no hay rastro del cosmonauta. El desconcierto aumenta cuando comienzan una serie de transmisiones de radio: Stan habla desde un lugar desconocido. Dice haber vuelto a la Tierra, y haberla encontrado vacía. Poco a poco, se va definiendo un nuevo, extraño y peligroso triángulo.

Dejando a un lado la calidad o el interés del argumento, el asunto es que desde hace unos meses han ampliado el proyecto para convertirlo en una narración transmedia, quizá la forma más sensata de utilizar las nuevas tecnologías para contar una historia. O dicho de otra manera, lograr que la narración transcurra a través de varias plataformas y que el resultado final tenga un sentido compacto y natural. El ejemplo más claro de esta relativamente nueva forma narrar, mencionado con admiración por académicos –cosa poco común–, es la serie de televisión Lost. Copio lo que comentaba al respecto Eva Domínguez en su blog de La Vanguardia:

Al más puro estilo de juegos ARG, Perdidos cuenta con páginas webs de elementos de la serie, como la compañía aérea del avión estrellado, que es inventada, o la del grupo musical de uno de los protagonistas de la serie, también ficticio. Existe incluso una página con transcripciones de sonidos de la isla. (…) Las pistas están diseminadas por todas partes. Un personaje de la serie tiene un libro titulado Bad Twin de un tal Gary Troup. El ejemplar aparece en Amazon junto al texto: “El autor Gary Troup entregó el manuscrito de este tan esperado thriller, Bad Twin, justo unos días antes de subir al desafortunado vuelo 815 de Oceanic. Vea el reciente vídeo de la entrevista de Laird Grange a Gary Troup para Book Talk sobre la controversia que envuelve su misterioso y descatalogado primer libro, The Valenzetti Equation, y a su nueva novela, Bad Twin”.

En una buena transmedia storytelling las piezas encajan de forma perfecta en la imaginación del usuario, que percibe las partes de la historia a través de diferentes sentidos y con distintos niveles de interactividad en cada estadio, para constituirse como un todo. En el caso de El Cosmonauta, la experiencia narrativa vendrá de canales tan diversos como pueden ser exposiciones, Facebook o un juego de realidad alternativa (ARG).

El triunfo de Riot Cinema, de sus planteamientos de trabajo y su originalidad (muy alejada del rollo The turn of the screw versionado hasta el infinito o de las pesadísimas historias sobre el sufrido bando republicano en la Guerra Civil, tan habituales en el cine español), sería una enorme pedorreta al pesado engranaje de la cultura institucional, estancada, agotada, vacía, mediocre en última instancia. Así que, si quieren que salgamos del bache creativo en el que nos encontramos, saquen la tarjeta y gasten en cultura menos de lo que cuestan un café y una tostada. Además, sus nombres saldrán en los créditos. Anímense.

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