El Cosmonauta o cómo hacerle una pedorreta a González Sinde

Las últimas noticias sobre el oscuro negocio del cine español, las financiaciones públicas, González Sinde y las asignaciones a dedo, me han hecho recordar el proyecto de El Cosmonauta. Y no porque tenga alguna relación con los asquerosos tejemanejes del Ministerio de Cultura, sino más bien por lo contrario.

El colectivo Riot Cinema tuvo la idea, hace ya más de un año, de grabar un largometraje, El Cosmonauta, bajo tres premisas: crowdfunding, creative commons y distribución sin ventas de exhibición. Es decir, rodar una peli financiada por todo aquel que quiera contribuir a la causa (las aportaciones pueden ser desde dos euros a infinito); que se distribuya libremente y se copie, mezcle o modifique a gusto del consumidor; y cuyo estreno tenga lugar al mismo tiempo en salas de cine, dvd, televisión e internet (gratis y en alta resolución).

Desde el lanzamiento de esta iniciativa a modo de página web en mayo de 2009, se han adherido con su apoyo organizaciones obvias como Medialab-Prado o el IED, y otros colaboradores de orígenes tan dispares como la Campus Party, dos cosmonautas rusos (de los de verdad) o el fundador de la Free Software Foundation Richard Stallman. En un año habían conseguido ya 23 inversores (que aportaron entre 1.000 y 3.000 euros) y más de 200 productores, que a través del crowdfunding, contribuyeron con aportaciones de 12,5 euros de media.

Esta es la sinopsis de lo que será El Cosmonauta:

El Cosmonauta es una historia que habla del recuerdo y del deseo. Incluso de aquellos recuerdos que solamente fueron deseos.

Octubre de 1975. Stan se prepara para ser el primer cosmonauta ruso en la Luna. Andrei, su mejor amigo, dirige la misión. En los tensos días antes de la partida, Stan piensa en Yulia, la mujer de la que ambos llevan enamorados desde su llegada a la Ciudad de la Estrellas, más de diez años atrás. Ultiman los detalles de la misión pero apenas dos días después de despegar, la nave pierde toda comunicación con la Tierra. Durante siete meses, Andrei y Yulia lo buscan día y noche sin descanso. Un día, la nave vuelve a la Tierra. Cuando cae, no hay rastro del cosmonauta. El desconcierto aumenta cuando comienzan una serie de transmisiones de radio: Stan habla desde un lugar desconocido. Dice haber vuelto a la Tierra, y haberla encontrado vacía. Poco a poco, se va definiendo un nuevo, extraño y peligroso triángulo.

Dejando a un lado la calidad o el interés del argumento, el asunto es que desde hace unos meses han ampliado el proyecto para convertirlo en una narración transmedia, quizá la forma más sensata de utilizar las nuevas tecnologías para contar una historia. O dicho de otra manera, lograr que la narración transcurra a través de varias plataformas y que el resultado final tenga un sentido compacto y natural. El ejemplo más claro de esta relativamente nueva forma narrar, mencionado con admiración por académicos –cosa poco común–, es la serie de televisión Lost. Copio lo que comentaba al respecto Eva Domínguez en su blog de La Vanguardia:

Al más puro estilo de juegos ARG, Perdidos cuenta con páginas webs de elementos de la serie, como la compañía aérea del avión estrellado, que es inventada, o la del grupo musical de uno de los protagonistas de la serie, también ficticio. Existe incluso una página con transcripciones de sonidos de la isla. (…) Las pistas están diseminadas por todas partes. Un personaje de la serie tiene un libro titulado Bad Twin de un tal Gary Troup. El ejemplar aparece en Amazon junto al texto: “El autor Gary Troup entregó el manuscrito de este tan esperado thriller, Bad Twin, justo unos días antes de subir al desafortunado vuelo 815 de Oceanic. Vea el reciente vídeo de la entrevista de Laird Grange a Gary Troup para Book Talk sobre la controversia que envuelve su misterioso y descatalogado primer libro, The Valenzetti Equation, y a su nueva novela, Bad Twin”.

En una buena transmedia storytelling las piezas encajan de forma perfecta en la imaginación del usuario, que percibe las partes de la historia a través de diferentes sentidos y con distintos niveles de interactividad en cada estadio, para constituirse como un todo. En el caso de El Cosmonauta, la experiencia narrativa vendrá de canales tan diversos como pueden ser exposiciones, Facebook o un juego de realidad alternativa (ARG).

El triunfo de Riot Cinema, de sus planteamientos de trabajo y su originalidad (muy alejada del rollo The turn of the screw versionado hasta el infinito o de las pesadísimas historias sobre el sufrido bando republicano en la Guerra Civil, tan habituales en el cine español), sería una enorme pedorreta al pesado engranaje de la cultura institucional, estancada, agotada, vacía, mediocre en última instancia. Así que, si quieren que salgamos del bache creativo en el que nos encontramos, saquen la tarjeta y gasten en cultura menos de lo que cuestan un café y una tostada. Además, sus nombres saldrán en los créditos. Anímense.

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El twittero más ingenioso murió en 1944

Participar de la enorme conversación entre continentes generada en Twitter las veinticuatro horas del día tiene su miga. No es tan sencillo opinar o contar algo en ciento cuarenta caracteres con gracia, de forma completa, provocando el equivalente a una batazo en el intelecto. Sin embargo, precisamente esto era lo que, sin despeinarse, conseguía en 1907 Félix Fénéon (1861-1944).

Anarquista francés, amigo de Toulouse-Lautrec, Bonnard y Signac, descubridor de Seruat, crítico de arte, galerista y periodista, entre otras muchas cosas, durante siete meses escribió para el periódico parisino Le Matin 1220 nouvelle en trois lignes. Estas “noticias en tres líneas” narraban brevemente incidentes extraños y crueles ocurridos en Francia. Auque en ocasiones también reflexionaban sobre los avances de la ciencia, la industria o los cambios producidos en las ciudades con la llegada de la modernidad.

Al inglés las tradujo en 2007 Luc Sante y el New York Review of Books se encargó de publicarlas y popularizarlas. Vicente Molina Foix hizo lo propio con algunas al español para Letras Libres bajo el título ‘Novelas en tres líneas’ (en realidad estas noticias cortas revelan lo que podría narrarse en muchas páginas). Y la ilustradora Joanna Nebrosky acaba de terminar un libro con dibujos de lo que le sugerían determinadas nouvelle en trois lignes. Lo contaba hoy The Huffingston Post.

Pero lo más curioso de todo este asunto es que alguien, desde hace meses, las publica metódicamente en un falso perfil del intelectual francés en Twitter, donde encajan a la perfección. Y no deja de ser paradójico que el twittero más original y preciso le lleve un siglo de ventaja al microblog de la ballena (y sesenta y seis años muerto).

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Spam: De jamón enlatado a creación artística

La procedencia de la palabra spam es, sin duda, una de las más hilarantes de la historia posmoderna. En 1937 aparece en el mercado estadounidense una marca de jamón enlatado, barato, listo para el consumo inmediato. ¿El nombre? Spam (que viene de acortar el nombre original de la marca, Hormel’s Spiced Ham).  La popularización de este rico alimento, fast-food, tiene lugar entre 1941 y 1945, cuando alrededor de 100 millones de libras (unos 45 millones de kilogramos) de esta carne de cerdo son entregadas a las tropas de los Aliados durante la Segunda Guerra Mundial.

En la página web de la marca, actualmente en funcionamiento, se cuenta que en diciembre de 1942, con los soldados estadounidenses metidos hasta las cejas en las trincheras, el afamado reportero Edgard R. Murrow, en un sabio intento de alentar a la población americana, dijo: “Aunque estas navidades las mesas no sean grandiosas, siempre habrá Spam para todo el mundo”.

Sin embargo, son los cómicos de la Monty Python quienes le dan la vuelta de tuerca necesaria para la futura asunción del término por los informáticos. En un sketch de 1970, los británicos aparecen en un greasy soop café (bareto cutre sería la traducción más cercana a la cultura española), donde la camarera les indica que todos los platos de la carta incluyen, de manera insistente, Spam:

Y esta idea de algo desagradable, inoportuno, que aparece en demasía donde uno no lo quiere es la que recogen al aplicar el término a los mensajes de correo electrónico no deseados. Simpático, ¿verdad?

Aunque la historia no acaba aquí. Si la revista Time dedicaba en 2008 varias páginas a cómo utilizar la carne Spam en nuevas y deliciosas recetas, sugeridas por conocidos chefs, en 2010 un artista español ha inventado From Spam to Maps, una iniciativa para crear mapas a partir de mensajes spam aleatorios. Ambas recogen los desechos, el spam de la carne de cerdo y de los correos eletrónicos, para traducirlos, transformarlos, reciclarlos en un nuevo y mejorado producto.

Y recuerda: “A pesar de que estas navidades tu vida social no sea grandiosa, siempre tendrás montones de spam en tu bandeja”

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